Chusa Adalid Llegué a la consulta de la doctora Marimer Pérez por recomendación de mi hermana pequeña, quien a su vez lo hizo por recomendación de una de sus mejores amigas. Qué mayor garantía que esa.

En un principio, acudía a su consulta únicamente para llevar a cabo los rutinarios controles ginecológicos, hasta que llegó el momento de hablar del embarazo. Por aquel entonces, cuando mi marido y yo tomamos la decisión de ser padres, yo estaba tomando una medicación que impedía llevar a término nuestro propósito. Marimer fue clara desde el principio: si estábamos convencidos de la decisión que habíamos tomado, lo primero era dejar la medicación, en la medida de mis posibilidades, y siempre aconsejada por el profesional que trataba mi enfermedad y lo segundo, era acudir a un centro de reproducción asistida ya que, a mi edad (42 años), difícilmente iba a conseguir un embarazo natural, máxime cuando ni siquiera sabía en qué momento podría dejar mi medicación (rondaba el mes de julio de 2019).

Como desde el principio he confiado mucho en el criterio de Marimer, enseguida nos pusimos manos a la obra. Por un lado, solicitamos la información necesaria para llevar a cabo el tratamiento de reproducción asistida y, de inmediato, nos fuimos realizando las diferentes pruebas que se requieren. Al mismo tiempo, yo trataba de que me retiraran la medicación que ya llevaba año y medio tomado.

El 30 de septiembre de 2019 tomé mi última pastilla. Ya sólo faltaba conocer los resultados de las pruebas para iniciar el proceso de reproducción asistida, pero, cuál fue nuestra sorpresa cuando, el 30 de noviembre, un test de embarazo confirmaba la ansiada noticia. Me había quedado embarazada de forma natural en un tiempo récord.

De inmediato contacté con la consulta de Marimer para programar el primer reconocimiento. No recuerdo el motivo, pero, en aquella primera ecografía, Marimer no se encontraba presente. Me lo confirmó otra doctora de su equipo. Lo que sí recuerdo fue la sorpresa que causó la noticia, tanto a Susana como a ella misma. Ni siquiera hacía 5 meses que habíamos estado hablando de la posibilidad de un embarazo y allí estaba yo, con 42 años y embarazada sin necesidad de métodos alternativos.

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