gemmaSomos muchas las madres que por desgracia hemos vivido, por el motivo que sea (de salud, psicológicos, circunstancias familiares complicadas...) embarazos difíciles, o incluso tormentosos.

Cada vez es más sabido que en muchos casos la vivencia de un embarazo se puede alejar mucho de lo que se supone o nos hacen creer que debe ser o hacernos sentir esa ‘dulce espera’.

Mi caso fue particularmente dramático, una auténtica pesadilla que afortunadamente forma parte del pasado. Pero hoy escribo estas letras desde la felicidad recuperada y con la esperanza de que resulten inspiradoras para otras madres que puedan sentirse identificadas con lo que estoy describiendo. Porque de todo lo malo debe aprenderse una lección y extraer algo útil.

No hay día que olvide un pensamiento de agradecimiento a Marimer y su equipo por acompañarme en tan duro viaje a lo largo de casi 9 meses.

Ellas no sólo nos ofrecieron a mi marido y a mí su profesionalidad y nivel de excelencia como expertas en su especialidad, sino que fueron mucho más allá. Fueron capaces de comprender dónde estaba y cómo me sentía yo, el calvario psicológico en el que me hundí a causa de una profunda depresión durante los que tenían que haber sido los meses más felices de mi vida.

Ellas lo entendieron todo, me cogieron fuerte pero cariñosamente de la mano para acompañarme en ese viaje de 9 meses, y no la soltaron ni un solo instante; cada vez que las necesitaba allí estaban, sin mirar el reloj, sin excusas, sin juzgarme, sólo comprendiendo y tratando de salvar juntas cada obstáculo que aparecía en el camino. Ese nivel de empatía y humanidad fueron vitales para mí y mi marido; nos dieron la esperanza y paz que necesitábamos para afrontar tan dura experiencia, ofreciéndonos una atención que extralimitó con creces cualquier protocolo ginecológico que se pueda esperar en un embarazo ‘normal’.

El cuidado, apoyo psicológico y todos los recursos que nos brindaron superaron la más alta expectativa que un paciente angustiado puede anhelar.

Desde el primer día hasta el día de hoy puedo decir que el altísimo nivel humano de Marimer y su equipo es mucho más que un gran valor añadido ante cualquier otro profesional de su categoría. Siempre admitiré, con orgullo y eterno agradecimiento, que contribuyeron a salvaguardar mi vida y la de nuestra preciosa hija Inés, hoy una espléndida, sana y feliz niña de 5 años, en cuya habitación siempre la acompaña la foto del día de su nacimiento, junto a sus papás y Marimer, que fue su ángel de la guarda durante 9 meses.

Desde el cariño y la admiración,

 

Gemma