luciarodriguez

La maternidad empieza en el embarazo, por eso desde que decidí ser madre supe que quería ponerme en manos de la Dra. Marimer. Soy paciente suya desde hace dos años y hace un mes tuve a mi hijo Leo.

Como toda futura mamá me preguntaba qué día me pondría de parto y cómo sería. Diez días antes de salir de cuentas, en una revisión rutinaria, la Dra. Marimer miró el monitor conectado a las correas y me dijo “cariño, tienes contracciones cada cinco minutos, muy probablemente tengas hoy a tu hijo”.

Me quedé helada durante unos segundos pero luego reaccioné y le dije “¡Pues, qué suerte, el sueño de toda embarazada, ponerse de parto en la consulta de su ginecóloga de confianza!”. En ese momento, a pesar de la inesperada noticia me relajé porque supe que estando en sus manos estaba segura.

La Dra. Marimer llamó a su inseparable comadrona Pastora y me dirigí a la clínica. Cuando Pastora me puso las correas vio que algo no iba del todo bien, avisó a la doctora que llegó enseguida y, lo que de entrada parecía una cesárea, acabó en parto vaginal gracias a que la Dra. Marimer gastó todos los cartuchos para dejar la cesárea como última opción: comprobó si el bebé estaba sufriendo rompiendo bolsa y al asegurarse de que estaba bien me dejó dilatar con calma. En todo momento me animó, tranquilizó como lo hubiera hecho una amiga y demostró mantener la calma a la vez que tenía todo bajo control. Finalmente me relajé lo suficiente y en tres pujos salió mi hijo. Mi recuerdo de ese día, lejos de ser una experiencia dura, fue una experiencia fascinante en que quedó confirmado que la confianza absoluta que puedes tener a un profesional, en este caso a la Dra. Marimer y todo su equipo (Pastora con su experiencia, Silvia con su espiritualidad, Fede con su asesoramiento y Susana gestionando la apretada agenda de la doctora) hace posible que fluya la energía y las cosas acaben de la mejor manera posible.

Lucía Rodríguez